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Confesión de Pecados y Arrepentimiento

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Escuchar la verdad a veces duele, especialmente, cuando se trata de nosotros mismos y exige que haya un cambio. En general, preferimos buscar el problema en las vidas de otros y hablar sobre los cambios que necesitan hacer; pero si somos honestos con nosotros mismos, encontraremos pensamientos, palabras y acciones en nuestras vidas que no son tan buenas. En lugar de confrontar la verdad, solemos actuar de una de las siguientes maneras. Normalmente, nuestra reacción se basa en ignorar el problema, de tal forma que se entierra el pecado. Actuamos como si no ocurriera nada porque, o bien somos demasiado orgullosos para pedir perdón, o porque nos sentimos avergonzados.
O nos comparamos con otros y concluimos que nadie es mejor que nadie: "No pasa nada. Somos todos humanos." Por último, culpamos al pasado o las circunstancias y nos justificamos al decir que no teníamos otra opción.

Con el empleo de estas estrategias se expresa complacencia y un intento por mostrarnos de la mejor manera. Pero, en realidad, estas nos llevan por un camino descendente de injusticia y construimos una red de mentiras para evitar que se sepa la verdad. Vivimos con el miedo de que la verdad salga a la luz. Al mismo tiempo, le estamos permitiendo a nuestra conciencia que se entorpezca y vemos cada vez menos cómo esta forma de actuar nos dañan a nosotros y a otros.

El que encubre sus pecados no prosperará. Pero el que los confiesa y se aparta hallará misericordia. (Proverbios 28:13)

¿Qué es el pecado?

En primer lugar, la palabra "pecado" se usa de forma genérica para referirse al poder que gobierna al mundo y a la gente. Por el pecado es que estamos separados de Dios, pero Él nos ofrece un camino para poder ser libres del poder del pecado. Si escogemos este camino, Él nos dará una nueva vida - y así seremos "nacidos de nuevo".

Si no has nacido de nuevo o no estás seguro: Ve a la hoja "Historia de Dios" y "Bautismo" donde se explica en detalle el proceso de ser nacido de nuevo.

En segundo lugar, la palabra "pecado" se puede referir a la acción específica e individual de desobedecer las órdenes de Dios. Solo Él puede definir lo que es bueno y malo. Él ha establecido reglas con el objetivo de protegernos. Pero pecado no solo hace referencia al comportamiento. Porque nuestras acciones provienen del pensamientos y los deseos. Jesús lo explica en Mateo 5:27-28. "Oísteis que fue dicho, 'No cometerás adulterio.' Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón."

Dios quiere que seamos perfectos (Mateo 5:48). Eso no solo significa que hay que evitar hacer lo malo, sino que tenemos la responsabilidad de hacer lo correcto: "Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado." (Santiago 4:17).
En resumen, pecado son todos aquellos pensamientos, palabras y acciones contrarias al estándar de Dios.

Las consecuencias del pecado

Podemos pecar contra nosotros mismos, contra otros y contra Dios. Cada vez que pecamos contra nosotros o contra otros, estamos incumpliendo las reglas sobre cómo debemos comportarnos con la gente. Por tanto, nuestro pecado es contra Dios. Las consecuencias del pecado pueden ser más serias o menos, en función de a quién ha afectado: ¿He pecado solo en mi pensamiento? ¿Han sufrido otros con las consecuencias de mis acciones? ¿He incitado a otros a pecar de forma activa?

Cuando no hacemos lo que Dios quiere, entonces estamos haciendo lo que el enemigo quiere. Y esto es siempre contrario a lo que Dios quiere. Cuando pecamos, le abrimos una puerta al enemigo y le damos influencia sobre nuestras vidas. Dicho de otra forma: Al pecado siempre lo acompaña una maldición (por ejemplo: quien miente se vuelve desconfiado; la avaricia lleva a la insatisfacción constante; la culpa nos paraliza). La única forma de ser libres de esta maldición y volver a cerrar la puerta es confesando el pecado y apartándonos de él.

Arrepentimiento paso a paso

1. Reconocer el pecado

Paro de blanquear el asunto y soy completamente honesto: Lo que hice estuvo mal. Mi pecado no es poca cosa como para descuidar el hecho de que tiene consecuencias negativas para mi y para otros. Me hago responsable de eso ahora.

2. Confesar el pecado

Admito mi ofensa hacia Dios y le pido perdón. Si he pecado contra otras personas, les confieso mi pecado a ellos también y les pido que me perdonen.

3. Enmendar lo ocurrido

Si otros han sido perjudicados por mi pecado, necesito hacer todo lo que pueda para compensar el daño. Si evito enmendar lo sucedido, será una señal de que en realidad no me arrepiento por lo que hice.

4. Renovar la forma de pensar y actuar

Después de alejarme del pecado, me enfoco en lo que Dios quiere. Reviso mi mente y mis hábitos y comienzo a pensar y a vivir de acuerdo a Sus ideas. Le pido que me ayude a hacerlo.

Pregúntate al final: ¿Estoy seguro de que Dios me ha perdonado por mi pecado?
Si tu respuesta es no, busca la ayuda de alguien para hacer esto.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos de nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

Más detalles

¿En qué contexto debería confesar el pecado?
El pecado debería confesarse siempre a las personas que han sido afectadas por este y sus consecuencias. Si muchas personas se han visto afectadas o mi pecado pone en compromiso mi rol (p.e. como líder), entonces necesito confesarlo frente a todos o públicamente. En caso de haber pecado contra alguien solo en mi pensamiento, debería confesárselo a Dios pero no a esa persona. Si dudas sobre el contexto más apropiado, pregúntale a la persona que te está ayudando en este proceso.
Apóyate en alguien para ayudarte
Normalmente es muy difícil hacer todos los pasos del arrepentimiento por nuestra cuenta. Cuando el pecado deja de ser un secreto, pierde su fuerza. Por ello, Santiago 5:16 nos anima a hacer este proceso en compañía: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados."
Nuestra conciencia
Nuestra conciencia puede advertirnos a modo de suave voz interna cuando rompemos alguna norma. Se ve influenciada por el entorno a medida que crecemos y por lo que es considerado "bueno" y "malo". Pero no siempre esto se ajusta al estándar de Dios. Eso significa que no nos podemos dejar guiar únicamente por nuestra conciencia. Ya que a veces puede darnos falsas alarmas o incluso no ser confiable en ciertas áreas por algo que en realidad es un pecado a los ojos de Dios. Necesitamos recurrir a Dios y dejar que Él cambie nuestros pensamientos y emociones en función de lo que para Él es pecado.

Examinándome

Lee Gálatas 5:19-21. Toma dos minutos para preguntarle a Dios las siguientes preguntas y anota:

Dios, ¿en qué he pecado contra ti o contra otros?

En práctica

¿Con qué cosas quiero lidiar primero? ¿En quién debería apoyarme en esto?
¡Especifica claramente cómo vas a continuar!